Santiago de Compostela, la ciudad de los peregrinos

Publicado por Marta Angulo

Cuenta la leyenda, que a principios del siglo IX en un bosque llamado Libredón, una estrella guió a un hombre llamado Paio hasta el lugar donde en el siglo I se habían enterrado los restos del Apóstol Santiago el Mayor, que habían sido trasladados desde Jerusalem tras su martirio en una barca de piedra. Poco tiempo después del descubrimiento de la Tumba, la sede episcopal asentada en Iria (Padrón) se trasladó a Compostela. El hallazgo del Sepulcro fue la base sobre la que se cimentó la ciudad. Durante el siglo X la pequeña villa comienza a consolidarse como un emergente centro demográfico, administrativo y de intercambio. En los siglos posteriores, XI y XII, se produce un importante desarrollo urbanístico, y en el año 1075 el obispo Diego Peláez dio comienzo a la construcción de la catedral románica. En este período, gracias a su carácter de santuario de peregrinaciones, su control comercial sobre las tierras del litoral y las numerosas construcciones llevadas a cabo, la villa consolida su expansión y su dominio. Desde estos siglos hasta finales del XVIII la ciudad-santuario fue escogida como lugar de residencia de la nobleza y de las principales órdenes religiosas, además de convertirse, con Roma y Jerusalén, en el centro de peregrinación más importante de occidente.

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